Muchas
de las escuelas de la isla han sido arrasadas por las inundaciones. El profesor
desplazándose varios kilómetros en bicicleta imparte sus clases a la sombra
de un árbol.
Cada clase la componen 50 niños y podemos asegurar su ansia de aprender. El
día que visitamos estas aulas, se estaban impartiendo clases a 4 grupos: primera,
segunda, tercera y cuarta clase.
Cada grupo estaba sentado debajo de un árbol y solamente había tres profesores.
El grupo de tercera clase se encontraba perfectamente en silencio y sentados
esperando que el profesor de la cuarta alternara sus clases con ellos.
Gracias a las Hermanas se van reconstruyendo algunas escuelas. Los pupitres
no es ahora lo más urgente. El número elevado de alumnos desborda el espacio
educativo de las aulas y tendrán que impartirse las clases en tres turnos.
El último turno finaliza a las 5 de la tarde por no existir electricidad. Nosotros
quedamos profundamente impresionados por esta situación y nos comprometimos
a construir tres escuelas para este año. Los niños se ganaron nuestro corazón
con su alegría y su afecto.

Un
árbol y una rota pizarra constituyen para miles de niños la única
posibilidad de acceder a la enseñanza